sábado, 8 de noviembre de 2008

Truman Camote, el máximo exponente de la literatura batata


Señores y Señoras, no vamos a hacernos los distraídos. No sirve de nada mirar para otro lado cuando sobre el horizonte pinta lo evidente. Todos sabemos (y no me importa que me acusen de hacer generalizaciones arriesgadas) que las editoriales y los suplementos culturales de los mass media son una fantochoda publicitaria (y no hay aquí ninguna alusión a los alfajores fantoche, que merecen mi más amplio respeto por años de ser fieles a sí mismos, con una combinación justa entre sabor y precio), el autobombo permanente de sus obras, de sus premios literarios y sus autores noveles con sus 10 minutos de fama.
Ejemplos abundan. Están en las páginas de diarios de izquierda, centro y derecha, porque al fin y al cabo, los medios son empresas periodísticas y lo que los mueven son los negocios. Con olor a izquierda o a derecha, Business are Business, aunque de literatura se trate.

Imaginemos. El novel escritor en cuestión nació en Vicente López, pero su seudónimo es Truman Camote. Su literatura es, lisa y llanamente, una porquería (su nombre no permitiría pensar otra cosa). Pero su editorial (llamémosla con el nombre de fantasía “Alpargatas No”), consustanciada en el arte de comprar novelas basura, se empeña en poner a su escritorcito en el number one del ranking de libros más vendidos.
Entonces empieza una campaña a fuerza de guita. Pone publicidades en todos los suplementos culturales y después, desinteresadamente, algún crítico literario realiza una crítica neutra y objetiva de la obra.
Podríamos encontrar, por ejemplo, quien le dedique párrafos como el siguiente:

“Truman Camote es una brisa de aire fresco en la acartonada literatura argentina. Cuando todo ya parecía inventado, cuando la sorpresa había quedado enterrada debajo de los escombros del mercantilismo editorial, este joven autor encontró intersticios entre la pesada herencia cultural de los pilares históricos de nuestra literatura y la desfachatez propia de los escritores hijos del paradigma hipertextual. La literatura representa el orden de lo simbólico, el capital cultural, el goce por el goce mismo; las batatas, en cambio, connotan lo más burdo de lo terrenal, el sentido común, lo que está frente a nosotros todos los días en una sucia verdulería de Constitución y a la cual no prestamos ningún tipo de atención. Por ello, hoy estamos ante un hecho inaugural en la literatura argentina y eso lo pudo lograr solamente este autor, la joven promesa de nuestras letras. Sí, porque sólo Truman Camote pudo unir la literatura y las batatas, a Borges y el quintero boliviano que todos los días trabaja de sol a sol para dar vida a los frutos del huerto de otros. Él, sólo él, pudo tender un puente entre la suprema abstracción de las letras con la materia que vive en el cansino transitar de lo cotidiano. Esto hace que en esta reseña afirmemos, sin temor a equivocarnos, que Truman Camote es el pilar fundacional de una nueva corriente, él es el máximo exponente de la literatura batata”.

Lo imagino y me da risa, pero al mismo tiempo me da arcadas. Lo dibujan con tanto palabrerío, cuando el objetivo es uno solo: vendernos ese libro de mierda de un escritor ignoto que dentro de un año estará nuevamente en el lugar que corresponde: donde habita el olvido (Sabina Dixit).

Ah, me olvidaba de contarles!. Yo ya pasé por la librería a comprar el libro de Truman Camote. Al fin de cuentas, uno no puede dejar de leer al rey de la literatura batata.

sábado, 18 de octubre de 2008

Si Perón viviera, bailaría reggaeton




Pasó el 17 de octubre, día de la lealtad peronista. Para estas fechas, nunca faltan los comentarios de “lúcidos” analistas políticos que se preguntan qué hubiese hecho Perón en un contexto político y económico como el actual. ¿Qué hubiese hecho con el INDEC, con la crisis financiera global, con el mundo (por ahora) unipolar, con la burguesía nacional, con el campo y sus patrones?.
Preguntan y preguntan sin respuesta, porque nadie lo sabe. Pero yo vengo a darle un poco de luz a la cuestión, vengo a decir lo que no muchos saben, vengo a poner el punto sobre la i.
Sí, porque Perón hoy no retomaría el Estado de Bienestar, no refundaría la tercera posición, no crearía un IAPI para tener el control de las exportaciones de granos y tener una herramienta redistributiva. No, nada de eso.
Señores, si Perón viviera, bailaría reggaeton. Con su recorrido político, con las batallas que tenía encima, con el exilio, con las traiciones de muchos de sus compañeros, con las férreas oposiciones que debió soportar, ¿alguien cree que se preocuparía por el efecto rebote de la crisis de las hipotecas o los reclamos del campo?. ¡No!, hoy a Perón le importaría un rabanito todo eso, sólo se dejaría llevar por el voluptuoso movimiento de caderas y pechuga de una negra centroamericana, mientras Dady Yankee o Calle 13 cantan a morir en las calidas playas del Caribe, regados por un buen tequila o algún vaso de ron.
Y sabe qué, creo que sería una gran enseñanza para todos, porque Perón nos estaría diciendo: “cuando la burbuja de la abstracción financiera revienta, nada mejor que regresar a la materialidad de la carne, que es lo único que nos hace humanos”.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Preocupación de los exportadores de perros por la caída de la demanda en china como coletazo de la crisis financiera internacional


La crisis financiera tiene consecuencias imprevistas. A la preocupación de nuestros “señores feudales” ruralistas por la caída del precio de los granos y el temor del gobierno nacional por la posible caída de la recaudación, ahora se suma un nuevo sector que empieza a ver nubes en su horizonte después del temblor de la economía a consecuencia de la compra de hipotecas basura por parte del sector financiero en los Estados Unidos y algunos países europeos.

Y ese sector no es otro que el de exportadores de perro para consumo humano en la República Popular China. Desde la Asociación Argentina de Crianza y Comercialización de Perros para Destino Gastronómico en Lejanos Países Ajenos a Nuestro Estilo de Vida (AACyCPDGLPANEVRA) declararon a The Observer de Pozo del Molle que “la situación es difícil para los productores de perros, teníamos un horizonte económico que marcaba para los próximos años un aumento considerable de la demanda de canes para consumo humano por parte de los chinos, pero la crisis que vive el mundo financiero está repercutiendo y esas expectativas se están desdibujando”.

Asimismo, desde AACyCPDGLPANEVRA consideraron “vergonzosa la actitud del gobierno nacional de no establecer una política de subsidios para los productores de perros para subsanar esta anomalía en los mercados”. “Sólo reclamamos reglas de juego claras e incentivos para poder continuar invirtiendo”.

Una fuente oficial, que pidió permanecer en el anonimato, indicó que el gobierno apuntará a dividir la dirigencia de esta asociación, intentando disipar el reclamo y ganar adeptos en el seno de la misma. “Por paradójico que resulte, la Asociación de Productores de Perros es una bolsa de gatos y el gobierno va a aprovechar esa fragilidad en la estructura para dividirlos hasta que el reclamo carezca de fundamento”, resaltó el funcionario de marras.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Posmo qué?

Hace unos días vengo dandole vueltas a la idea de la posmodernidad, exactamente desde el momento en que me dijeron que la posmodernidad estaba en el medio de la calecita de la plaza del pueblo pacato en el que vivo.
Pero más que la idea de posmodernidad, lo que me ha dejado pensando en estos tiempos es reconocerme a mi mismo como un sujeto posmoderno. Yo que siempre admiré y me esmeré para tener todas las cualidades de un intelectual de la modernidad (entendida como la etapa que va desde la revolución francesa a la caída del muro de Berlín), de golpe y porrazo me encontré con que me asemejo más a un posmodernista. Esto es, en criollo puro y llano, tocar de oído en la mayoría de las cosas pero presumir de conocedor en profundidad, admirar elementos de la alta cultura pero regocijarse con cosas pertenecientes a lo más chabacano del arte pop, con una postura snob y hablando al paso y sin masticar de Perón, Foucault, Miranda, Tinelli, el fútbol, la televisión, Nazarena Velez, el Cuarteto de Nos, Cucurto, García Márquez, la Educación, Galeano, Capusotto, un par de tetas, los blogs... y todo, todo, sin sonrojarme.
Y saben qué?, me gusta.

martes, 9 de septiembre de 2008

El futuro ya pasó

¿Llegaremos a esto?

¿O ya llegamos?.

Lo bueno es no preguntarselo tanto; cualquier duda, consulte a su ayuda de escritorio.

martes, 5 de agosto de 2008

Mambrú, adalid del antiperonismo


Trillada, supertrillada, la frase de John Lennon siempre vuelve: “la vida es eso que pasa mientras uno está ocupado en otras cosas”. Pero John Lennon murió a mano (o a rifle, mejor dicho) de un loco y yo, en lugar de salir a salvar pingüinos empetrolados (que nada tienen que ver con los que están en la casa Rosada después del voto de Cobos), alimentar chicos en África o subirme a un bote para impedir que un barco japonés mate ballenas (siempre en las noticias este tipo de barcos son japoneses y yo no tengo por qué dudar de la santa madre televisión), me siento escribir algunas líneas.
No me parecen mal estas mega-causas para salvar al mundo, al ser humano y a los animales, pero como dice Homero Simpson, “sólo soy un hombre”. Yo creo que lo único que le puedo aportar al mundo es una visión lúcida sobre cómo la ideología gorila imperante en algunos mensajes que se divulgan como mero sentido común han afectado enormemente a nuestra sociedad.
“¿No te propones nada, culeau?”, dirá algún cordobés que se cuela por estas líneas entre fernet y fernet un miércoles a las 3 de la tarde en la docta, poniendo en duda las posibilidades de lograr dicha empresa y acusando de soberbio al autor de este post.
Pero usted, estimado hiperlector (o ciberlector, como prefiera llamarse) verá que mi pretensión es mucho más llana y simple que las que se arrogan muchos de nuestros contemporáneos. Describirlas sería tema para otro post, pero alcanza con poner como ejemplo el Centro de Estudiantes de la Facultad donde estudié, que se proponía en sus plataformas electorales cambiar las relaciones de producción en la economía global, al tiempo que era totalmente ineficaz para hacer funcionar como Dios manda la fotocopiadora (Tercer mandamiento de la Santa Biblia: harás funcionar bien la fotocopiadora de la facultad).
Volviendo a lo que nos convoca, cabe recordar que hace algunas semanas vimos que la farolera fue una de las artífices de los golpes de Estado en nuestro país.

Hoy, nos vamos a meter con otra canción supuestamente infantil. Se trata de Mambrú.
Se preguntará usted qué tiene que ver Mambrú con el derrocamiento de Perón y yo le digo que mucho, más de lo que imagina.

Ésta es una canción donde la oligarquía de nuestro país, ligada a intereses espurios, puso todo su arsenal para llevar mensajes subliminales a nuestra sociedad y así encontrar facilidades para derrocar al peronismo allá por la década del 50.

Veamos estrofa por estrofa y corroboremos lo dicho:

Mambrú se fue a la guerra.

¡Qué dolor, qué dolor, qué pena!

Mambrú se fue a la guerra,

no sé cuándo vendrá.

En realidad, Mambrú no se fue a ninguna guerra. Mambrú viajó al extranjero para conseguir financiamiento para derribar al General, con pasaporte falso y muy buenos contactos.

¿Vendrá para la Pascua?

¡Qué dolor, qué dolor, qué pena!

¿Vendrá para la Pascua

o por la Trinidad?

En esta estrofa, queda al descubierto la conexión eclesiástica en el frente que se armó para el derrocamiento del líder natural de los argentinos. Es más, hay quienes afirman que entre los financistas que Mambrú fue a buscar al extranjero, había hombres ligados al clero, pero este dato aún no ha podido ser confirmado.

Por allí viene un paje,

¡Qué dolor, qué dolor, qué pena!

Por allí viene un paje.

¿Qué noticias traerá?

Aquí aparece otro de los factores de poder que conspiraron contra nuestro General: la prensa. Si señores, ese paje es en realidad la metáfora viva del golpismo representado por los medios de comunicación, a los que el Gran Padre Eterno les limitó sus negocios mediante el control del papel de los diarios por medio de Papel Prensa.

Mambrú ha muerto en guerra.

¡Qué dolor, qué dolor, qué pena!

Mambrú ha muerto en guerra,y yo le fui a enterrar.
Ah, ah, ah, ah, ah, ah!

¡Y yo le fui a enterrar!

Con cuatro oficiales.

¡Qué dolor, qué dolor, qué pena!

Con cuatro oficialesy un cura sacristán.

Mambrú no ha muerto ni un carajo. Mambrú entró al país como clandestino y se subió a un avión para bombardear la plaza, obligando al General a dejar su puesto como presidente y así, buscar la pacificación de la Nación. El detalle de los cuatro oficiales y el cura Sacristán no merece comentarios, es bastante transparente.

Encima de la tumba,¡qué dolor, qué dolor, qué pena!Encima de la tumbalos pajaritos van,¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!Los pajaritos van,cantando el pío, pío,¡Ah, ah, ah, ah, ah, ah!Cantando el pío, píoel pío, pío, pa.

Cuatro pajaritos. Cuánta ternura!. En realidad los cuatro pajaritos son los que fueron a pagar a Mambrú por los favores prestados (y a instalarle una parrillada en Madrid para que viva tranquilo y no despierte la perdiz volviendo a Argentina) y el canto (pío, pío, pa) es en realidad la síntesis de la algarabía y el reflejo de los intereses de clase de la derecha argentina, que sin Perón en el gobierno recupera sus privilegios históricos.

Por ende, pido que Mambrú sea declarado traidor a la patria.

lunes, 28 de julio de 2008

Una excursión por Babia



Disfrutaba del ocio de la tarde sin sentimiento de culpa. Mucho por hacer y pocas ganas. La dicotomía diaria, el Boca-River cotidiano, el dilema: “¿leer por leer o hacer el tiempo productivo?”.


Lo primero es lo primero, dije, y agarré La Voluntad de Caparrós. Mo-nu-men-tal, tremendo libro. Caparrós es ese muchacho de bigotes algo locos, similares a los de Luis Almirante Brown, uno de los personajes de Capusotto (Eliseo dixit).


Leía a Caparrós, decía, cuando el ring-ring insoportable del timbre me sacó de un cuento de militares, guerrilleros y otras yerbas. Parsimonioso, acudí al llamado. Antes de llegar a la puerta, el ring-ring estalló otra vez.


“Abra, sabemos que está ahí. Somos la policía del pensamiento”, sonó la voz al otro lado. “La puta que lo parió, este Orwell otra vez se aspiró un par de ácidos y está delirando por el barrio”, pensé sin abrir la boca.

Apenas pasó un segundo de escaso silencio.
—¡Abra, sabemos que está ahí!. ¿Se olvida que somos la policía del pensamiento?
—Perdón oficial, ¿en qué puedo ayudar? –balbuceé mientras abría la puerta.
—¿Usted es loquito o se hace?. ¿En qué mierda piensa?. ¿Tiene estiércol en la cabeza?. ¿Qué es eso de leer a Caparrós?. ¿Me puede decir en qué pensaba?.
—Pensaba en un bigote largo, jaja.
—¿Es gracioso?
—Pasa que estoy mirando mucho Capusotto y me está quemando el cerebro.
—Pero Capusotto está haciendo plata. Mide como 7 puntos de raiting y usted, en cambio, no mide nada.
—¿Cómo no?, yo mido un metro ochenta y siete.
—Uno ochenta y seis con tacos, diría yo.
—Como sea, pero algo mido.

“Señor, señor. Son 14 pesos con cuarenta centavos. Le agradezco si tiene monedas, vio que no hay muchas y ya nadie trae sencillo”, me dice con una voz filosa la cajera.

Heroína pasajera, no sabe ella que acaba de rescatarme de un peligroso interrogatorio policial. No sabe que acaba de sacarme de Babia, que no es una ciudad alemana como algún trasnochado podría pensar, sino un hermoso lugar a mitad de camino entre la distracción y mi (in) capacidad de pensamiento.

Y sí, las colas de supermercado dan para estas cosas